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domingo, 27 de febrero de 2011


Testimonio de Un Adventista

Mi experiencia con los Adventistas Históricos
Una experiencia de la vida real.

Nací el año 1970 en un hogar Adventista del 7º día. Mis primeros años de vida se desarrollaron en un marco de intenso involucramiento en las actividades de la iglesia. Mi padre era jefe de diáconos, era maestro de escuela sabática, director de una escuela sabática filial, predicador en campañas de semana santa y otros proyectos evangelísticos. Cada sábado estabamos con mi padre a las 7 de la mañana en la iglesia, y yo asistía a la clase de maestros, escuela sabática, sermón, actividad misionera, sociedad de jóvenes, actividades sociales y todo tipo de actividad de la iglesia, hasta juntas de iglesias, congresos, grandes campañas evangelísticas de tres meses, todas las noches, club de conquistadores, predicación casa por casa, etc., todo eso siendo solo un pequeño niño. Amaba a mi iglesia, y disfrutaba de cada actividad de la misma.
En esos tiempos yo no sabía ni me imaginaba que en mi amada iglesia podrían haber divisiones, u otros problemas de algún tipo. Era tan grande la seguridad de que al ser la iglesia verdadera, que como un niño que confía en su padre, yo confiaba que todo en la iglesia estaba bajo control, o posiblemente los mayores eran muy hábiles en ocultar mayores problemas.
Teniendo 9 años de edad pedí insistentemente el bautismo. Fui bautizado, yo estaba emocionado y orgulloso de ser miembro oficial de una iglesia tan maravillosa. Para ese tiempo empecé a darme cuenta que habían ciertas cosas un poco raras para mi manera de ver las cosas. Una iglesia Adventista de mi ciudad, fue arrasada por un grupo de personas a las que llamaban "Adventistas Reformistas". Eran gente un poco rara. Me solía parecer que eran personas muy enojadas. Escuché algunas discusiones acaloradas con ellos, y algo que me impresionó profundamente fue cuando una mujer de este grupo, a gritos le dijo a mi madre que si no aceptaba "su mensaje", mi madre iba a morir en menos de un año. Bueno, hoy hace más de 20 años de eso y mi madre goza de muy buena salud, y no aceptó "ese mensaje" que me parecía tan raro.
Tuve el privilegio de formarme en la escuela Adventista y también en el Colegio Secundario Adventista. Al entrar en la etapa de la adolescencia, como todo adolescente, empecé a cuestionarme muchas cosas, lo cual me llevó a empezar a desarrollar un pensamiento más analítico que en la niñez, y al mismo tiempo surgió el deseo de ir más profundamente a la Biblia, y al estudio de libros denominacionales. Empecé a ver que no todo era perfecto en la iglesia, y eso me produjo cierta rebeldía.
Tuve la oportunidad de ir a los 15 años a un colegio Adventista con internado. Gocé mucho de esta experiencia, y creo que también para esa época algunos profesores me ayudaron a madurar en mi visión sobre la realidad, y también en formarme en los primeros experimentos de democracia que teníamos en Latinoamerica, luego de muchos años de dictadura. Agradezco a Dios el haber tenido la posibilidad de haber nacido en un tiempo donde nacía de vuelta la oportunidad de poder elegir en el campo de las ideas, en el campo del pensamiento, y también en otras áreas. Allí también llegué a entender que como ser libre e inteligente, tenía el mismo derecho de analizar y llegar a una propia comprensión de la verdad, y que eso mismo implicaba que no todos teníamos que llegar exactamente a las mismas conclusiones en algunos puntos que yo consideraba cuestionables. Descubrí que tenía ideas diferentes aún con mi mismo padre, que tenía en esa época una línea un poco autoritaria, y con un fuerte énfasis en el perfeccionismo. Yo sabía que el no era perfecto, y que yo tampoco por supuesto.
Al terminar el Colegio Secundario, en medio de una crisis vocacional, decidí ir a estudiar al Seminario teológico. Eran los últimos años de la década del 80. Yo solo tenía 17 años. Me inicié y aunque las materias de idiomas me hicieron tambalear más de una vez, me enamoré del campo teológico, de las materias teológicas, disfruté al máximo de cada hora de clase, de las prácticas, de todo lo que podía obtener en ese lugar tan especial. La universidad Adventista era algo magnífico para mi vida. También disfruté de las oportunidades extra áulicas, como las semanas de oración, los paseos y caminatas por el campo, la amistad con personas de distintas ideas, de distintos países y de distintas culturas. Durante un largo tiempo fui portero del templo, y debía abrir las puertas de ese lugar tan especial cada mañana, mucho antes del amanecer. Allí tuve experiencias muy lindas de compañerismo con nuestro Señor.
Para el año 1990 llegaban a nuestras manos diversas publicaciones, una de un movimiento Argentino llamado "El tercer ángel", con fuerte énfasis en ideas sobre temas polémicos, como también la revista "Nuestro Firme Fundamento" de Hope Internacional. También se empezaron a escuchar sobre los conflictos con Desmont Fort y Walter Rea. El momento era propicio para la formación de distintas líneas de pensamiento dentro del Seminario. Precisamente en esa época, dos compañeros empezaron a lograr un fuerte liderazgo promoviendo ideas, citas y debates sobre ciertos temas. Ellos eran Andrés Sicca y Sergio Caseiro. Andrés había estudiado teología en EE.UU., y había sido formado por un grupo denominado "Adventistas Históricos". Sergio era un nuevo Adventista, recién convertido, pero venía con un "cierto aire de santidad". Parecía un poco raro. Ellos no comían queso ni huevos, y Sergio pasó por algo que a nosotros nos pareció un poco gracioso, el romper su noviazgo, por fuertes convicciones de que el beso era pecado durante el noviazgo. Al mismo tiempo la universidad estaba tomando una línea un poco liberal en ciertos puntos tradicionales, lo que trajo cierto descontento entre los estudiantes de teología.
El año 1991 para mi fue un año de mucha confusión en el campo de las ideas. Tanto leer a Nuestro Firme Fundamento, había creado un gran conflicto en mi mente sobre el tema del perfeccionismo, en relación especialmente con el tema de la naturaleza humana de Cristo. Había cosas que no podía entender ni de una postura, ni de la otra. Pero prefería aliarme a los "tradicionalistas" y no negociar con las posturas liberales de los dirigentes de la Universidad.
Para el año 1992, algunos sucesos hicieron que cambie radicalmente de postura ideológica. En primer lugar Andrés y Sergio ya no estaban. Andrés había dejado la iglesia y se fue al mundo. Decían que se había vuelto alcohólico, que fumaba, y tenía varias mujeres. Creo que era verdad. A Sergio lo volvimos a ver luego de un tiempo. También había dejado la iglesia, y había intentado suicidarse en la ciudad de Mendoza. Milagrosamente fue salvado por la ayuda de una persona que habló con el. Otro suceso fue el encontrar entre los casetes de sermones de la universidad un tema sobre Cristología que trajo paz a mi alma, y la seguridad de la Salvación. Rechacé y repudié totalmente las ideas perfeccionistas que durante más de un año habían confundido mis pensamientos y acciones. La semana de oración del pastor Isaac Bechara trajo una nueva experiencia para mi vida con el Señor Jesús.
A partir de allí decidí predicar a Jesús y su Justicia, y levantar en cada Sermón, en cada estudio las verdaderas Buenas Nuevas del Adventismo. Durante mis años de ministerio en Misión Global, tuve la oportunidad de conocer y trabajar con una persona maravillosa, el pastor Homero Salazar. Un predicador del cual aprendí y adapté sus métodos a mi ministerio, aunque en algunos puntos difería con su metodología. Realmente me aparté mucho de la corriente de "Adventistas Históricos" que antes defendía. Lastimosamente tuve que dejar mi ministerio y tuve que pedir mi salida de la Iglesia Adventista del 7º día al encontrarme con un liderazgo, y un pueblo Adventista en mi país muy encerrado todavía en el Tradicionalismo Adventista, y verme muy limitado en la posibilidad de trabajar en un marco de confianza entre personas de tan diferente visión. Los puntos que más conflicto me produjeron fueron una mayor amplitud de pensamiento con respecto al sistema de adoración Adventista, mi relacionamiento muy frecuente con pastores y líderes de otras denominaciones, y el presentar abiertamente la postura sobre el sacerdocio universal de los creyentes, donde todos tenemos el privilegio de acceder al plan de salvación directamente, a través de Cristo, y no a través de pastores o intermediarios, y también presentar el concepto de que no existe una verdad absoluta estructurada, sino que la verdad es progresiva, y todos, tanto Adventistas como de otras denominaciones Cristianas estamos en la búsqueda de la verdad. Creo que la verdad no debería ser algo tan teórico, sino más bien una experiencia con Cristo, la Verdad Suprema, aunque su Palabra es el elemento fundamental para encontrarlo a El.
Desde el año 2000 dejé el Adventismo del 7º día, y ahora me considero un Adventista de las Buenas Nuevas, un Adventista Evangélico, o como prefiera usted llamarlo. Amo al pueblo Adventista, un pueblo maravilloso que me dio las herramientas para ser lo que soy. Amo la venida del Señor Jesús con todo mi corazón. Amo la paz y el descanso provistos por mi Señor Jesús, a través de la Justificación por la fe, expuesta en las epístolas Paulinas, y en el libro de Hebreos. Disfruto del sábado como símbolo de la paz y el reposo otorgados por la gracia y el amor de Dios hacia mi vida, demostrados en la cruz del Calvario. No creo que el Sábado deba ser una carga para nadie, como tampoco creo que quite el lugar al sello de Dios en mi vida, El Espíritu Santo de la Promesa. Aunque es mi deleite estudiar las profecías bíblicas, no creo tener el poder de determinar que mi postura sea la única opción valedera, sino que espero por la fe en el Señor a que el desarrolle su plan conforme a su voluntad, y no conforme a mis esquemas mentales. Mi mayor deleite es estar y compartir mi vida con Adventistas de las Buenas Nuevas, ya sean Adventistas del 7º día, Adventistas Menonitas, Adventistas Bautistas, Adventistas Pentecostales, o Adventistas Católicos.
Me congrego regularmente en la iglesia Evangélica Alfa y Omega, una iglesia maravillosa que predica del amor de Jesús y su pronto regreso. Trabajo para Alfalit del Paraguay, una organización Interdenominacional donde nuestros lemas son "Nunca es tarde para aprender" y "De las tinieblas a la luz". Soy participante en el proyecto misionero y de acción social Misión de Amor donde tratamos de llevar el amor de Jesús de una manera práctica a las personas con menos posibilidades. Sigo siendo un Adventista de las Buenas Nuevas, y oro cada día para que muchos Adventistas Históricos, para que los "Adventistas laicos", para que los "Adventistas tradicionalistas", puedan llegar al conocimiento de Jesús y del verdadero mensaje de su Palabra. Agradezco al Señor por las maravillosas experiencias que pude pasar en mi vida, y también por todas las experiencias que me permitirá pasar en el camino hasta su encuentro, cuando en Gloria y majestad aparezca para que allí podamos llegar a la plenitud de Cristo, la plenitud del conocimiento, y la plenitud del amor.

Wolfgang Streich.
Asunción, Paraguay.
Año 2002.

2 comentarios:

Jaime Jimenez dijo...

Amigo, lamento mucho que haya apostatado de la fe al igual que los otros dos pastores de los cuales hace mencion. Dios lo bendiga mucho, espero este en lo correcto, pero de lo contrario dice el señor: El que conmigo no recoge, desparrama.

Wolfgang Streich Bnil dijo...

Hola Jaime, estamos ahora en 2018 y llenos de gozo por haber abandonado la secta Adventista. Estamos seguros en la Gracia de Dios en Jesucristo, la verdadera Palabra de Dios.

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